1/8/09

Tú, yo y lo nuestro

Los sueños que, desde antes de conocernos, pensamos.
Todos los que, al conocernos, descubrimos y no paramos de soñar.
Los hablamos, discutimos, elegimos y luego reímos
de la locura tan grande que parecía soñar así.
Con tantas ganas, con tanta inocencia entre tanta altura.

Cada vez que te miro no me canso de agradecer
a Dios, a la tierra, a ti y a mí porque estás conmigo;
porque estoy contigo; porque me fijé en ti y tu en mí.
Agradezco todas las palabras que con tu recuerdo logras que escriba.
Por aquellas que me decías muchas veces y que ahora, cada vez que se amerita, las pronuncias.

No quiero dejar de soñar contigo.
No deseo perderte en el camino.
Quiero tenerte siempre a mi lado.
En ocasiones adelante, para que me guíes.
Otras tantas atrás, para dejarte guiar por mí.

Visualizo mi destino y me veo tan tuya, tan mía, tan nuestra.
Me he entregado de corazón a este sentimiento que cada día crece más.
Que cada instante me penetra más y más.
Un sentimiento que me muestra a cada momento la importancia de mis sueños.
La necesidad de creer en ellos y defenderlos.

Todo tú me has hecho creer en mí.
Y, aún cuando no has llegado de primero,
has sabido mantenerte.
Sé que mantendrás ese equilibrio por siempre.

Porque la fe mueve montañas
y yo tengo mucha fe en ti,
en mí
y en lo nuestro.

No hay comentarios: