Sumergida en una despreciable rabia
aborrezco tener razones y a la vez nada.
La tirria de esperar amor con firma de Disneylandia
y a la vez añorar un corazón sin alma.
Sueño atorrante. Pesadilla desalmada.
Agonizante es verte solo en tu espejo
cuando siempre he estado acompañándote.
Mi corazón enloquecido,
de tanto amor y tanta cólera,
conserva el sentimiento intacto
del mismísimo día en que nos amamos.
Amamos los sueños,
los miedos y lo rápido.
Veneramos el placer,
las ganas y el arrebato.
Dios se apiade de mi mente trastornada
porque ya en ella todo ha estallado.
Tus peculiares palabras de nitroglicerina y dióxido de silicio
han acabado con la poca cordura que quedaba.
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