Imaginé el adiós
al lado de mi corazón moribundo.
Sagrada sea tu esperanza
que ható mi espiritu a tu espalda.
Madrugadas de espanto,
Frios ajenos,
Miedos prestados,
Besos de regreso.
Humanizada ha estado mi mente
agotada de enfrentar los poderes
de quien ha robado mi ego
para transformarlo de ismo a caramelo.
Mi piel socorrida por tu boca
agradece a tu sexo por ser caballero.
Sin remordimientos, mi alma te aclamaba
como el digno dueño de mi cuerpo.
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